¡Ay, es tan triste la noche sin estrellas!
Un día
mi sol cayó en el mar
y me anocheció.
Un día empezó una noche sin estrellas.
Pero en la noche oscura
los corazones se levantan.
¡Ah! ¡Es tan alegre la madrugada!
Sobre la curva del río del río Cuanza
el sol se sumerge
rojo
recortando en el horizonte sombras de palmeras.
Antonio Agostinho Neto
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