El escribiente piensa: el escribiente
no debería serlo. Es mejor ser
prestidigitador o mercader
en vez de un rascaplumas indigente.
Jamás hilar palabras fue prudente
manera de vivir. Para comer
caliente otros oficios ha de haber
sin duda practicados por la gente.
Mas sólo escribir sabe el escribano
y ello le obsede. Sabe que el papel
es su enemigo. Esconde bien la mano
y decide que el día sea fiesta.
Cuando el patrón exige copias de él
"preferiría no hacerlo" es su respuesta.
José Fernández de la Sota
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